Cine solidario http://www.lasextadeportes.com/blogs/ver/cine_solidario/492 No todo en el cine es glamour y premios. También hay compromiso. En este blog queremos hablar de esas películas especiales que narran la realidad que nos rodea. Una realidad que a veces es dura, pero que explicada con sentimiento nos ayuda a enfrentarnos a las injusticias de este mundo. es-es Copyright 2010 La necesidad de una película floja http://www.lasextadeportes.com/blogs/post/la_necesidad_de_una_pelicula_floja/19993 http://www.lasextadeportes.com/media/img/1pxtrans.gif 19993 Intento corregir con este artículo algo que debí hacer en su momento. Flor del desierto, dirigida por Sherry Horman, no es una buena película, pero sí necesaria. Por algo no me sedujo lo suficiente como para ir a verla al cine. Ahora lo he hecho aprovechando su salida al mercado del DVD.

Se trata de un caso parecido (palabra subrayada) a Invictus (leed la crítica en esta misma sección), pero con una gran diferencia: la de Clint Eastwood me hizo llorar de felicidad durante la mitad de su metraje; la de Horman me ha dejado casi del todo frío; y digo “casi del todo” porque su mayor virtud es tocar temas terribles y despertar las ganas de dialogar sobre ellos, de profundizar, incluso de luchar en contra. Pero nada más (que no es poco), ya que pasa de puntillas por cada uno de ellos sin pasión, sin corazón, sin tripas, sin meterte en vena el dolor de una niña africana a la que se le ha castrado a los tres años; la desesperación de una niña africana que tuvo que abrirle la cabeza a un hombre que intentaba violarla mientras huía sola sin saber muy bien hacia dónde; la desesperación de una joven que llegó a un país desconocido y que acabó viviendo en la calle; la esperanza de una joven descubierta por un famoso fotógrafo que, cuando descubren que es ilegal, la amenazan con deportarla, sin tener en cuenta el lado humano, y sólo porque es un producto que va a vender mucho (como modelo), pueden salvarle el culo…

Llego a creerme el personaje sobre todo por el trabajo de Liya Kebede, la protagonista, muy ajustado pero no mucho más. Pero, al menos, no me he aburrido, no me he cansado viéndola porque pienso que ya tengo tego tema de conversación con los amigos, que ya puedo avanzar en mi vida sabiendo que hay costumbres con las que no estoy de acuerdo, que ya le puedo poner más etiquetas con la palara “bueno” porque he conocido nuevas cosas con la etiqueta con la palabra “malo”. Éste es el sentido de lo “malo”, conocer qué es lo “bueno”. Y Flor del desierto ha sido una buena ayuda para ello.

Miguel Martín Llorente

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Una balanza desequilibrada http://www.lasextadeportes.com/blogs/post/una_balanza_desequilibrada/19231 http://www.lasextadeportes.com/media/img/1pxtrans.gif 19231 Hace poco estuve en una conferencia en la que un científico criticaba las inexactitudes del cine de ciencia-ficción. Me reí, me lo pasé muy bien debido a la estupenda verborrea del orador, pero no estaba de acuerdo con él en nada. Nos guste o no nos guste, en el cine de ficción todo vale, por eso es ficción. Otra cosa es el documental. La diferencia sería la misma entre una novela y el libro de historia de la escuela.

Que Oliver Stone es de izquierdas esto ya se sabe, pero lo único que me importaba de este y cualquier otro cineasta es su arte en provocar sensaciones y sentimientos, hasta que, últimamente, se ha metido a informar de los claroscuros de la sociedad capitalista en formato documental; entonces, sí tengo en cuenta los datos. Stone es el culpable de maravillosas películas como Platoon, JFK o Hablando con la muerte (a reivindicar), y de otras más prescindibles que no me interesan nada.

Hace 7 años realizó un retrato demasiado personal sobre Fidel Castro en Comandante, y ahora ha hecho lo mismo con el nuevo movimiento izquierdista bolivariano que ha resurgido en América en Al sur de la frontera. Dura poco más de una hora, está muy bien contado y es muy entretenido, pero cojea de varias patas, la balanza no está bien equilibrada en varios sentidos. Nada más comenzar el documental, el señor Stone, que también es el narrador, opina que la caída del muro de Berlín no fue algo bueno, sino un triunfo del capitalismo. Creo que no hace falta que haga más comentarios sobre este punto.

Entiendo que, para comenzar, el director elija al líder más mediático, a ese “animal televisivo” al que nadie niega su magnetismo personal y del que siempre he dicho que es como una golosina para los periodistas, pues siempre que abre la boca, la noticia del día está dada. Me estoy refiriendo a Hugo Chávez, personaje que no tiene límites ni tintes medios, sino muy extremos.

Y comprendo que comparta incluso duración con ese otro líder del pueblo, Evo Morales, cuyos jerseys son casi más famosos que él mismo, alguien tan popular, (la sala en la que se proyectaba la película se caía literalmente cada vez que este hombre movía una ceja), aunque menos fascinante, que el de Venezuela. Pero lo que no comparto es que otros presidentes más moderados, pero no menos interesantes, casi pasen de puntillas, que no se les dé la importancia que debería. No sé cuál ha sido la razón para este desequilibrio, si la futura audiencia, la diferencia de los políticos o ambas. Pero lo que tengo claro es que es del todo injusto.

Esto en cuanto a la estructura. ¿Qué ocurre con el contenido? No estoy capacitado para saber si todo lo que se cuenta es verdad o no es verdad, pero comprendo esa unión que se está produciendo en América del Sur en contra del “diablo” estadounidense, en torno al poder del pueblo que había desaparecido en favor del de las multinacionales; incluso veo normal (no digo que sea la solución) que se llegue a la violencia porque, como es sabido, la violencia llama a la violencia. Pero lo que tengo claro es que ni Chávez es Dios ni Morales su arcángel. Actualmente, hay mucha gente en aquellos países que están luchando por su libertad de expresión, que incluso están arriesgando sus vidas para que se les oiga, porque aseguran que en su tierra no hay democracia, sino tiranía.

Aunque tengo mi propia opinión al respecto, prefiero quedarme en medio, para que cada uno elija lo que le venga en gana, y esto es lo que debería haber hecho el señor Stone, que se limita a sacar a los partidarios de los políticos en el poder y no a sus adversarios. Si se desea describir con la mayor exactitud posible qué está ocurriendo por aquellos lares, lo suyo es hablar de los dos lados de la balanza, de los unos y de los otros, de los que piensan en blanco y de los que piensan en negro, de los de izquierdas y de los de derechas. Si sólo se habla de unos (me da lo mismo cuáles), se cae en el panfleto publicitario, algo que ocurre en Al sur de la frontera.

Miguel Martín Llorente.
 

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Ciudad más de muerte que de vida http://www.lasextadeportes.com/blogs/post/ciudad_mas_de_muerte_que_de_vida/18832 http://www.lasextadeportes.com/media/img/1pxtrans.gif 18832 Ya he leído muchos adjetivos sobre esta película, todos ellos perfectos. Creo que no queda nada más por decir, tal vez porque no sepa qué decir. Me pasa a menudo, aparece mi impotencia ante la contemplación de una obra de arte y me quedo mudo, porque pienso que todo lo que pudiera decir sobre ella no le va a hacer justicia, que se va a quedar muy pero que muy pequeño y muy pero que muy lejano de lo que me ha transmitido. Me ha ocurrido de nuevo con Ciudad de vida y muerte, película dirigida por Lu Chuan (o Chuan Lu como he visto en algún sitio, me da lo mismo). ¿Dirigida? Tampoco es justo decir esto, porque implica demasiado la utilización de la mente y, si algo hay patente en esta maravilla, es que ha sido el corazón y el alma lo que aquí se ha plasmado para contar una historia terrible, desconocida para mí hasta ese punto, que ha removido todo mi ser, desde la célula más primitiva hasta los confines del Universo.

Cuenta la masacre cometida antes de la 2ª guerra mundial en Nanking, cuando a los japoneses se les ocurrió invadir China. Me habían contado y había leído las perrerías de las que eran capaces los japoneses, nada que envidiar a los nazis, pero nunca las había sufrido de esta manera, menos mal que ha sido a través de una pantalla… Aún así, todavía la estoy digeriendo.

Los entendidos en el séptimo arte dicen que tiene mucho de Spielberg, de esa otra obra maestra que es La lista de Schindler, y llevan razón según mi modesta opinión, pero mi cabezonería sigue viendo el toque oriental, chino si se quiere de los silencios, de la presencia del actor/personaje que es única en aquella mentalidad. Ellos son los maestros en decir sin hablar, en describir sólo con imagen (y con sonidos). Ya sé que Amanecer, tal vez la cumbre de esto que estoy hablando, es occidental, pero no sé qué tienen los de los ojos rasgados que me ponen los pelos de punta con sus silencios.

Todo es perfecto en esta película, la esplendorosa fotografía en blanco y negro, la utilización de lo panorámico, de la escenografía, los actores, la banda sonora (música y sonidos), el casi no uso de los diálogos, el ritmo que no te deja ni un segundo de descanso, ni siquiera al final, cuando salen las primeras imágenes de natuarleza, en seguida empañadas por un solo plano duro y descorazonador, de alguien purificándose en un baño…

Hay que verla en un estado de ánimo privilegiado, pensando que la vida es maravillosa y extraordinaria. Luego ya se encargará el señor Chuan de darle la vuelta y de golpearte los intestinos y el cerebro para que pienses lo contrario. Ay de ti si no te ocurre esto; entonces, o es que no tienes sangre en las venas o eres un psicópata. Es imposible salir igual que se ha entrado de la sala de cine, y esto es bueno, muy bueno, aunque salgas peor.

De nuevo me reafirmo en que no quiero ver ninguna guerra, llamadme cobarde pero ni por dentro ni por fuera, y que cualquiera de ellas saca lo peor de cada uno; es uno de los pocos sitios es los que sí se puede ver que todos somos iguales (excepto los que mandan), que cualquiera puede cometer actos que no pensábamos y que si hay guerras, dicen, es porque debemos aprender hasta qué punto puede llegar el ser humano, es decir, nosotros mismos. Así es como pienso yo, y Ciudad de vida y muerte me lo ha dejado bien claro.

Por cierto, la carrera de los Oscars 2010 ha comenzado.

Miguel Martín Llorente

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¿La realidad? ¡Qué más da! ¡La guerra es un asco! http://www.lasextadeportes.com/blogs/post/la_realidad___que_mas_da___la_guerra_es_un_asco/18371 http://www.lasextadeportes.com/media/img/1pxtrans.gif 18371 He oído decir que varios soldados han afirmado que lo que refleja la película dirigida por Kathryn Bigelow, En tierra hostil, no es fiel reflejo de la guerra de Irak. ¿Es fiel reflejo de la realidad La guerra de las galaxias? Si esperamos que una manera de expresión nos cuente exactamente lo que ocurre en el mundo, mal andamos. Y el cine no es más que eso, igual que la pintura, la música o el teatro. Para reflejar la realidad, ya tenemos la propia realidad. Yo sólo espero que una película me haga reir, o pasar miedo o acongojarme, es decir, que me crea lo que estoy viendo, sin tener que pensar si es verdad o no.

La frase con la que comienza esta aterradora película ya es premonitoria: “La guerra es una droga”. Ésta es la parte que más me interesa, sin despreciar, ni mucho menos, el ritmo que marca una intriga que te clava en la butaca y no te suelta en ningún segundo de metraje. La guerra, en esta ocasión, está vista a través de un grupo de artificieros en una tierra en la que las bombas están sembradas como si de patatas se trataran. Pero lo peor es que pueden explotar en cualquier momento, sólo hace falta una llamada desde un móvil hecha por un irakí que, oculto entre varias decenas de vecinos, contempla, y espera hasta el último momento para asesinar, cómo el soldado de turno trata de hacer su trabajo. Pero también llegamos a entender la postura del “enemigo”, sus ansias por defenderse y hasta qué punto puede llegar para recuperar lo que es suyo.

Ante tal panorama, las fuerzas anímicas de los soldados han de ser monumentales, inquebrantables. Si no es el caso, se derrumban sin solución o se codean con la psicopatía, como el protagonista, al que el hecho de volver a una vida normal a su casa, con su mujer e hijos, le aburre hasta el punto de querer volver, pues la adrenalina es más fuerte que él mismo.

Me apasiona el drama de los personajes, acojonados cada segundo de una vida que seguramente les quede destrozada, ya sea con eternas depresiones, con el infierno de no sentir nunca nada, con una cirrosis o un alcoholismo provocados por intentar evadirse o con el odio hacia todo y todos. ¿Puede haber mejor integración en la sociedad?

No sé si es fiel reflejo de la realidad o no; me da lo mismo. Lo que tengo claro es que yo no quiero ir a ninguna guerra y que cualquiera es injusta, cualquiera, la organicen unos o la organicen otros. Un solo dato: ¿sabían ustedes que el dinero que se gasta durante 15 días en armamento (investigación, fabricación, venta y guerras) daría de comer a TODA la población mundial durante 10 años? Imagínense si, de repente, todo ese presupuesto se dedicara al hambre o, mejor dicho, a los derechos humanos… Un sueño, una utopía, pero aún soy optimista.

Un consejo sobre la directora: vean una de sus primeras películas aprovechando que el universo vampírico se ha puesto de nuevo de moda. Se llama Los viajeros de la noche. No esperen terror, sino más bien acción y drama. Espléndida.

 

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'Invictus' es una obra maestra http://www.lasextadeportes.com/blogs/post/invictus__es_una_obra_maestra/18213 http://www.lasextadeportes.com/media/img/1pxtrans.gif 18213 Ni puedo ni quiero hacer la típica crítica cinematográfica de Invictus, de Clint Eastwood, en la que se suele juzgar el ritmo narrativo, la puesta en escena, la fotografía, la música o si los actores bordan su papel o no lo hacen. No puedo porque, cuando me planteo el sentir la vida (incluido ver cine), hago precisamente eso, sentirla, es decir, abro mi corazón y me dejo llevar, y permito que me lleguen los sentimientos que me tienen que llegar; y no quiero porque, si lo hiciera y me atuviera exclusivamente a esos datos, diría que la película es floja, débil, irregular. Pero es tal el Amor (y, dentro de Él, la compasión y el perdón) que transmite que me da lo mismo todo lo demás. Voy a ser claro: es una auténtica obra maestra. Durante casi tres cuartas partes del metraje estuve llorando de felicidad, eso sí, conteniéndome porque mis sollozos son un tanto escandalosos.

Reconozco que ignoraba la historia que cuenta. No me refiero a la figura de Nelson Mandela y su triunfo, sino concretamente a la importancia que tuvo el campeonato mundial de Rugby que se celebró poco después de que el líder sudafricano venciera en unas elecciones históricas. Y éste es uno de los méritos del señor Eastwood, el que haga que, mientras estaba sentado en la butaca, me fascinara un deporte del que nada me interesa.

Mandela pasó media vida (casi 30 años) encerrado en una jaula de a penas 2x2 metros. “¿Cómo pudo perdonar…?”, se pregunta el personaje de Matt Damon, “¿… a la gente que le encarceló?” Mandela era un hombre con un equilibrio inteligencia-emoción privilegiado, y sabía que había dos aspectos que no podía olvidar: la política y la humanidad, pero no por ese orden precisamente. Justo después de ser nombrado presidente, el comité de deportes decidió eliminar al equipo de rugby pues había sido una de las insignias del apartheid. Pero Mandela comprendió que era un error, porque perderían votos y apoyo (política) y porque, les gustase o no, los “blancos malos” también eran sudafricanos (humanidad). Esto es perdón y compasión, y esto es lo que me importa de esta obra de arte. También habla de la Unidad que debía ser Sudáfrica, la que debe ser el planeta Tierra, añado yo.

El señor Eastwood ha cambiado mucho desde aquel, por ejemplo, Sargento de hierro y se lo agradezco eternamente. No es que no me gustaran sus películas anteriores, pues tiene maravillas como Bird o Sin perdón, pero es que su lado humano es cada vez más obvio. Ya sea por la edad o por la razón que sea, mi corazón se hincha con este cambio. En Invictus es donde con más descaro se presenta, con cariño y con sencillez, con admiración, talento y una seguridad plena en lo que se está haciendo. ¿Técnicamente no es su mejor película ni de lejos? Me da igual.

Una anécdota pero que me da mucho que pensar
: no sé quién me contó o no sé dónde leí que alguien preguntaba por la utilidad de perdonar. Otro le contestaba que servía para poder dar todo de uno, siempre y cuando incluyésemos dentro de ese perdonar tanto a los demás como a nosotros mismos. Y luego añadía:

En español: perdonar / per-donar / para dar

En inglés: forgive / for-give / para dar.

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El conflicto más complejo http://www.lasextadeportes.com/blogs/post/el_conflicto_mas_complejo/18211 http://www.lasextadeportes.com/media/img/1pxtrans.gif 18211 El conflicto israelí-palestino no es tan sencillo como parece. Quiero ser optimista y pensar que la solución está cerca, pero tengo la sensación de que se están matando moscas a cañonazos, además de disparar a donde no se debe y de ocultar la verdad de todo. Bastante de esto es de lo que habla Ajami, película dirigida por el palestino Scandar Copti y el israelí Yaron Shani. Éste es uno de sus aciertos, el haber unido las dos perspectivas enfrentadas para tratar de dibujar un mapa que, a mi modo de ver, nunca va a ser del todo objetivo.

Está rodada cámara en mano y con actores no profesionales en su mayoría, incluso habitantes del barrio que da título a la película. El comienzo es demoledor, impactante, te engancha por la crudeza a pesar de algo tan “artificioso” como la voz en off que le acompaña, eso sí, perfectamente utilizada. Ya desde el principio nos deja clara la fina línea que separa la vida de la muerte. Si no mueres, es porque eres la persona con más suerte (o dinero) del mundo.

Lo que vemos en los informativos son los movimientos que hacen los altos cargos para intentar solucionar susodicho conflicto, pero de lo que nos habla la película es que solemos olvidar las calles, a sus vecinos, al odio religioso generado no se sabe muy bien cuándo ni ya porqué y que hace que los muertos diarios sean justo eso, diarios, cotidianos, y que los cadáveres, incluso los futuros, se negocien a golpe de talonario. Y aquí todos se llevan su parte del pastel, no sólo los mafiosos que venden su ayuda a los pobres, sino los jueces y lo dirigentes religiosos que, mira tú por dónde, suelen coincidir en la misma persona.

La mirada de los directores es sencilla, honesta, directa, nada maniquea, pues no hay ni buenos ni malos, o sí los hay pero lo son todos. He creído percibir el retrato humano de unas gentes desesperadas, perdidas, como dicen en un momento de la película, en una selva en la que hay que sobrevivir.

Pero le veo un gran problema, que se alternan los momentos del conflicto con los folklóricos no de manera efectiva. Tal vez esté en mí el problema, tal vez mi ignorancia por aquellas culturas ha hecho que me haya aburrido en muchos momentos y que esto haya provocado mi distanciamiento general de la película. A pesar de ese atronador comienzo, no he conseguido meterme en el drama de unos personajes que, realmente, están al límite.

Me ha venido a la memoria una obra maestra, una de las películas más duras que he visto nunca, La virgen de los sicarios, de Barbet Schroeder (originario, por cierto, de Irán, otro sitio tranquilo para pasar unas vacaciones). Posee en común con Ajami el retrato del INFIERNO, así con mayúsculas; pero, en la del iraní sentías que podría estar en tu propio barrio, y no sólo en Medellín, mientras que en la del israelí y la del palestino, como muy cerca, en Marte.

Me quedo con el mensaje como si de un documental frío se tratara, con la esperanza de que todo se solucione de la única manera posible, mediante la humanidad del amor, el cual, por cierto, pasa de puntillas y con mucho miedo por esta película.

 

NOMINADA A MEJOR PELÍCULA EXTRANJERA OSCAR 2010

MIGUEL MARTÍN LLORENTE
 

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